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Las siguientes son fotografías que nos dejan sin palabras, que hacen un nudo en la garganta, que muchas veces han sido usadas más para el amarillismo y sensacionalismo que para lo que deberían ser: Hacernos reflexionar sobre nuestra indolencia con personas que son lo que todos alguna vez fuimos: niños.

Nota de 7claps: Declaramos que dejamos fuera cualquier tipo de amarillismo, morbo, o sensacionalismo al usar estas imágenes e invitamos a los lectores a reflexionar en torno a ellas y a hacer sentir nuestra humanidad. 


Los niños y jóvenes de hoy día le prestan poca atención a la televisión. A pesar de tener cien canales o más, su contenido rara vez compite contra lo que se puede ver por internet. Eso sí, cabe anotar que no siempre las cosas fueron así: antes de ellos hubo una generación de colombianos (entre los cuales se incluye el aquí firmante) que quedó con la cabeza limada de cuenta de nuestro vecino del sur. Sea por el azar del destino o las limitaciones técnicas o económicas, la infancia de muchos de nosotros habría sido gris sin la televisión peruana.


Medellín, palabras más palabras menos, es una colcha de retazos de tres millones de habitantes. Como toda ciudad grande -la segunda más importante de Colombia, para más señas- ha recibido oleadas de migrantes en busca de las oportunidades que les fueron negadas o quitadas en otros sitios. Esto, sumado a la quebrada y agreste topografía medellinense (traducción: todo queda en una puta loma) hizo que el trazado urbano fuera irregular y que lo que ahora son barrios antes fueran cambuches de invasión.



En la vida de los colombianos es común que nos metan cuento y más común comer cuento; así que entre tantos buques que nos han metido, hoy desde la redacción de 7claps les traemos una selección de los siete más significativos; si falta alguno, no duden en escribirnos a alguna de nuestras redes.
Los invitamos también a no comer tanto cuento a ver si alguna vez dejamos de ser ese Macondo donde ocurren historias que en otro país jamás pasarían.



Lo dijo Jerry Seinfeld y la redacción en pleno está de acuerdo: el segundo es el perdedor número uno. Es frustrante obtener la medalla de plata, sobre todo cuando el fútbol de tu país resalta por su mediocridad. O sea: no somos Venezuela -donde para armar un equipo de fútbol buscas a los únicos once tipos de la ciudad que no juegan béisbol ni son militantes del PSUV-, pero tampoco somos Argentina, el país de D10S, donde si te falta talento lo compensas con garra (léase: dar patadas) o con un representante versero.

La vida de un ser humano está condicionada por muchas variables: el lugar donde nace, el clima en el que crece, sus condiciones socioeconómicas y sus influencias culturales. Cada uno de nosotros vive más o menos acorde al tiempo que nos tocó, al igual que nuestras ciudades, nuestra forma de comunicarnos o entretenernos. Por ejemplo, grandes prodigios de la música estuvieron supeditados a los medios de su época: Johann Sebastian Bach compuso con el clavicémbalo, Lucho Bermúdez compuso con el clarinete, Larry Harlow compuso con el piano, Kurt Cobain compuso con la escopetarra y Maluma compuso con el autotune.

Nuestra esperanza es no terminar siendo amenazados como los del tribunal de Medellín. Si no conoce el idioma del sarcasmo, bien pueda retírese a ver canales nacionales.